01. 1 O CAPRICE OU SONTE

 
  • La suerte no es más que otro nombre para el azar. Buena, mala, aún es suerte y , siempre, buena suerte. Lo mismo ocurre con la gracia que, a veces, es desgraciada sin renunciar a la extrema buena gracia que debe a su trascendencia. <Tengo suerte> quiere por lo tanto, decir: <Tengo azar>o, con más precisión entre <mí> y la necesidad de una ley existe esa relación de entredicho que, con seguridad, procede de la ley pero que ya siempre se ha dado la vuelta hasta entredecir esta última, provocando así un nexo de ruptura. El entredicho golpea a la ley. Se trata aquí de un acontecimiento escandaloso. La ley se aplica así misma el entredicho, y así, del modo más astuto (la augusta astucia de la ley), restaura otra ley, más elevada, es decir, más distinta en relación más decisiva con la alteridad de la que se supone entonces que procede la interdicción. El azar-o la suerte o la gracia que pone la ley entre paréntesis, de acuerdo con el tiempo, fuera de tiempo- es reintroducido de esta forma bajo la jurisdicción de otra ley, hasta que esta a su vez- y, a su vez…Queda por determinar en qué relación ni legal ni fortuita estaría el movimiento que siempre plantearía a partir de la transgresión, otra ley, distinta, lo mismo que a partir de la ley y como su otro la transgresión, movimiento de alteridad, sin ley, sin azar, movimiento que no nombramos en modo alguno con lo negativo de dichas palabras.
<Tengo suerte.>Fórmula tan fuerte como descarada, pues la suerte desposee y desapropia. Lo cual, ¡jugador que pretendes hablar en nombre del juego!, vendría a decir poseo lo que desposee, siendo la relación de desposesión,. Lo que viene a decir que no hay suerte para la suerte y que la única suerte residiría en esa relación anónima que, a su vez no podría ser llamada suerte o sólo aquella suerte que no acaece, y con la que lo neutro jugaría dejando que esta se burle de él.

  • Trascendencia, transgresión: nombres demasiado próximos entre sí para que no nos hagan desconfiar.¿Acaso no sería la transgresión una manera menos comprometida de nombrar la <trascendencia> haciendo como que la aleja de su sentido teológico? Ya sea moral, lógica o filosófica, ¿acaso no sigue la transgresión haciendo alusión a lo que queda de sagrado tanto en el pensamiento del límite como en esa demarcación, imposible de ser pensada, que, en todo pensamiento, introduciría el franqueamiento nunca y siempre cumplido del límite? Incluso la noción de corte, en su rigor y estrictamente epistemológico, abre paso a todos los compromisos con un poder de rebasamiento (o de ruptura) que siempre estamos dispuestos a dejar nos sean concedidos, aunque sea a título de metáfora.



Maurice  Blanchot
El paso (no) más allá



02. CURRÍCULUM O LE LABERINTE

 
* La relación de mí con el otro, difícil de pensar (relación que el [el]lo <relataría>): debido al estatuto del otro, tan pronto y a la vez el otro como término, tan pronto y a la vez el otro como relación sin término, relevo que tiene que ser siempre relevado; debiendo éste, después, dado el cambio que propone al <mí>, aceptarse entonces no solo como hipotético, ni siquiera sólo como ficticio, sino también como abreviatura canónica que representa la ley de lo mismo, de antemano roto (de nuevo, pues –bajo la falaz proposición de ese mí hecho pedazos, íntimamente herido- de nuevo un mí vivo, es decir, colmado).

* Como si hubiese resonado, ahogadamente, una llamada.

* Al borde de la escritura, siempre obligado a vivir sin ti.

* Le resultaba casi fácil, allí donde vivía, vivir casi sin signo alguno, casi sin un mí, como al borde de la escritura, cerca de esa palabra, apenas una palabra, más bien una palabra de más y nada más que una palabra gracias a la cual, un día del pasado, dulcemente acogido, recibió la salvación que no salvaba, la interpelación que le había despertado. Era algo que se podía contar, incluso y sobre todo sino había nadie para oírlo. En cierto modo, le hubiera gustado poder tratarlo con la misma dulzura que había recibido: dulzura que lo mantenía a distancia, debido al excesivo poder que le concedía sobre sí mismo y, a través de él, sobre todas las cosas. Casi sobre todas las cosas: siempre había esa ligera restricción, tácita, que le obligaba-dulce obligación a recurrir, a menudo y como debido a un ritual que le hacía sonreír, a esas formas de decir, casi, quizás, apenas, de momento, a menos que, y tantas otras, signos sin significación que, como muy bien sabía (¿sabíalo?), le otorgaban algo muy preciado, la posibilidad de repetirse- pero no, no sabía lo que le acaecía por medio de ellos-, <quizás>el derecho de franquear el límite sin saberlo, <quizás> el retroceder angustiado, perezoso, ante la afirmación decisiva de la que le protegían a fin de que aún estuviese allí para no oírla.

* Como si hubiera resonado, ahogadamente, esa llamada, una llamada no obstante alegre, el griterío de unos niños jugando en el jardín: <¿hoy quién es mí?><¿Quién hace las veces de mí?> y la respuesta alegre, infinita: él, él, él.
   El pensamiento que le había conducido al borde del despertar: nada le estaba entredicho, ni las astucias, ni los fraudes, ni las costumbres, ni las mentiras, ni las verdades, nada salvo ( otra vez una de esas palabras que estaba acostumbrado a guardar): salvo. Y no se llamaba a engaño, incluso a aquella ley se le podía dar la vuelta, dejándola intacta, a salvo, también a ella.

*<Les daríamos un nombre. >- <Tendrían uno.>-<El que le diésemos no sería su verdadero nombre.>-<Sin embargo, sería capaz de nombrarlos.>-<Capaz de informar que, el día en que se considerasen listos para ello, abría un nombre para su nombre.>-<Un nombre tal que no daría lugar a que se sintiesen interpelados por él, ni tentados de responder a él, ni siquiera jamás nombrados por dicho nombre.>-<¿No hemos supuesto, sin embargo que tendrían uno que sería común a todos ellos?>-<Lo hemos supuesto, pero sólo para que pudiesen pasar desapercibidos con más comodidad.>-<Pero entonces ¿cómo sabremos que podemos dirigirnos a ellos? Están lejos, ¿sabe?>-<Para eso tenemos los nombres, más numerosos y más maravillosos que todos aquellos que se utilizan normalmente.>-<No sabrían que es un hombre.>-<¡Cómo iban a saberlo? No tienen nombre>.

Maurice  Blanchot
El paso (no) más allá

03. 1 O LE SAUTERELLE

 
*¿De dónde procede todo eso, ese poder de desarraigo, de destrucción o de cambio, en las primeras palabras escritas mirando al cielo, en la soledad del cielo, palabras por sí mismas sin porvenir ni pretensión: <(el)lo- el mar>?.

* Seguramente resulta satisfactorio ( demasiado satisfactorio) pensar que, por el mero hecho de que algo del estilo de estas palabras <(el)lo-el mar>, con la exigencia que resulta de ellas y de la cual también ellas son el resultado, se escribe, en alguna parte se inscribe la posibilidad, si quiera para una de ellas, de una transformación radical, es decir, de su supresión como existencia personal. Posibilidad: nada más.

* No saques ninguna consecuencia de esas palabras escritas un día ( que fueron o habrían sido al tiempo y asimismo otras palabras) ni siquiera de la exigencia de escribir, suponiendo que, en efecto, te hubieran encargado de ella, tal como estás persuadido y, a veces, disuadido: todo lo que podrías retener de ello no serviría más que para unificar, presuntuosamente, una existencia insignificante y (por la proposición de dicha exigencia de escritura misma) algo retirada, sin embargo, de la unidad. No esperes, si tal es tu esperanza- y hay que ponerlo en duda-,unificar tu existencia, introducir en ella, (el) pasado, cierta coherencia por medio de la escritura que desunifica.

* Escribir como cuestión de escribir, cuestión que sustenta la escritura que sustenta la cuestión, no te permite ya aquella relación con el ser-entendido, en primer lugar, como tradición, orden, certeza, verdad, toda forma de arraigo-que recibiste un día del pasado del mundo, ámbito que estaba llamado a regir a fin de fortalecer tu<Yo>, aunque este estaba como figurado, desde el día en que el cielo se abrió a su vacío.
En vano, trataré de representarme a aquel que yo no era y que, sin quererlo, empezaba a escribir, escribiendo <y entonces a sabiendas> de tal modo que el puro producto de no hacer nada se introducía en el mundo y en su mundo. Esto ocurría <por la noche>. De día, estaban los actos del día, las frases cotidianas, la escritura cotidiana, algunas afirmaciones, valores, costumbres, nada de importancia y, no obstante, algo que era preciso confusamente denominar la vida. La certeza de que al escribir ponía precisamente entre paréntesis dicha certeza, incluso la certeza de sí mismo como sujeto de escribir, recondujo lenta pero inmediatamente a un espacio vacío cuyo vacío (el cero tachado, heráldico) no impedía en absoluto las vueltas y las revueltas de un recorrido muy largo.

*En aquella ciudad, sabía que había gente que no se trataba con nadie, y entonces tenía que preguntárselo: ¿Cómo lo sabía? Quizá no era algo que sabía sino algo comprendido en el saber. Saber cualquier otra cosa le obligaba a saber de antemano aquello o a no saberlo. ¿Cómo resistir a partid de ahí, a la tentación –al deseo-de partir en su búsqueda?<¿Cómo hacer para encontrarse con ello?>-<Pero si no hay nada más sencillo: se topará con ellos>. Eran varios, de eso también podía estar seguro. Varios:¿Vivían juntos o juntos y separados? Varios-aquello quizá le ayudaba solo a no pensarlo de una manera muy precisa: gente..


Maurice  Blanchot
El paso (no) más allá